Sierra Nevada                                                                                 

 

    

 

 

                                           Encuentro con la montaña

       Nuestra llegada fue como siempre accidentada, después de recorrer 190 km desde Fuengirola, intenté conseguir un juego de cadenas para Carmela; No tenía ni idea de lo que me iba a encontrar en la montaña y preferí curarme en salud antes de subir, antes que encontrarme en medio de un barrizal y no tener medios para solventar la situación. Hicimos un vía crucis por todas las tiendas especializadas en neumáticos y repuestos de automóviles, no hubo manera de conseguir la medida de nuestros  neumáticos,       ( como no podía ser de otra manera), al final se me ocurrió que ya que las grandes superficies tienen de todo, quizá me solucionaran el problema y así fué como las conseguí, ( a precio de oro, por supuesto).

       Ya pertrechado con las dichosas cadenas, emprendimos el ascenso, fué tranquilizador comprobar que la carretera era bastante ancha y segura, hasta la mismísima cumbre, además existía un aparcamiento especialmente habilitado para autocaravanas con electricidad, agua potable y vertido de residuos, para más sorpresa, un autobús hacía la ruta desde el parking, ( que estaba a dos km del centro ), hasta la plaza central de la villa.

        Para mí era una experiencia única, me daba la oportunidad de tener un contacto directo con un entorno a bajas temperaturas donde probaría la capacidad de la calefacción de Carmela y pondría a prueba mis capacidades ante los eventuales que se me pudieran presentar en la nieve.

          Nuestra primera jornada en Sierra Nevada fué un cúmulo de sorpresas, nada más instalarnos descubrí que la montaña es un habitad especial, al entrar en el baño de Carmela encontramos una cascada de gel, body milk, champú etc. por el efecto de la presión atmosférica de la altura, habían saltado las tapas vertiendo todo el líquido al exterior ( nada, a limpiarlo todo).

        Al llegar a la plaza central del complejo nos percatamos que aquello era como un parque temático de nieve, habían tiendas re recuerdos, restaurantes de comida rápida, escuelas de esquí, snowboard, trineo y todos los deportes de invierno. Benjy estuvo viendo las pistas que llegaban hasta la plaza y se sintió atraído por el snowboar, para él, aquella oportunidad de tomar contacto con deportes que en su isla no existían, era una ineludible oportunidad que no se podía dejar pasar , así que elegimos la escuela mas chabacana é hicimos una reserva , para el siguiente día. Dando vueltas por el lugar vimos que detrás de las casas había un pequeño parque de atracciones con diferentes juegos y actividades, experimentamos un buen rato tomando contacto con todas las atracciones sin dejar de disfrutar de la nieve.

                             

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

          Un día lleno de descubrimientos, para nosotros todo aquello era nuevo y el lugar se prestaba a descubrir, en pocas palabras se trataba de un Resort creado por una sociedad de inversores que explotaba  las posibilidades de la montaña , hoteles, S.P.A.,una discoteca, piscinas, salas de baile, pistas de esquí, snowboar, para todos los niveles de experiencia, habilitadas con tele sillas, telecabinas, restaurantes a pié de pista, primeros auxilios  etc. Benjy no paraba de hablar de las ganas que tenía de empezar el curso, yo no paraba de sacar fotos.

                   

            La noche se hizo muy larga, no solo por el monotema de Benjy, sino por que la temperatura bajó bastante y tuve que poner la calefacción a tope, esto ocasionó que el boyler  calentara las cañerías y se soltara una de las conexiones de agua caliente, éstas al ser de plástico tienen un límite de temperatura que por supuesto los ingenieros de Maclouis no tuvieron en cuenta a la hora de diseñar los conductos de calefacción.

                    

             Tal y como habíamos acordado a las nueve en punto de la mañana estábamos en la escuela de Snowboard, el equipo constaba de unos pantalones térmicos seis tallas mayor, botas especiales, gafas  protectoras y por supuesto una tabla de Snow.                                                                         

            A pesar de lo grande de los pantalones, Benjy de la emoción, no cabía en ellos, el monitor era un pintoresco chaval con las pintas clásicas de este deporte. Subimos a las pistas por el telecabina Al-Andaluz, una impresionante obra de ingeniería que  tiene su estación al pié de la pista mas larga, justo donde termina la plaza central del complejo.

                

        La técnica de enseñanza parece ser la misma para todos los deportes de nieve, primero se dan unos primeros consejos y técnicas básicas en unas pistas de poca pendiente llamadas alfombras, una vez captada la técnica, se pasa a otras pistas más pendientes y de diferente tamaño, hasta que el alumno va cogiendo soltura, entonces pasa a las grandes con diferentes grados de dificultad. No se si por los nervios ó la emoción, el caso es que Benjy se mostró mas terco de lo habitual, por mas que el monitor se lo explicaba de forma sencilla, no captaba el mensaje. Dos horas después, al acabar el tiempo contratado aún no conseguía deslizarse con la tabla más de dos metros. Todo el tiempo de clase estuve observando las directrices del profesor, por lo que había captado toda la teoría necesaria para continuar los ejercicios con él y una hora después ya conseguía deslizarse por toda la alfombra sin caerse, como las pistas cerraban a las catorce horas decidimos quedarnos un día más con el fin de adquirir mas práctica en las otras pistas.

         Quizá fué el descanso nocturno ó la amenaza de marcharme en cuanto le viera hacer el tonto, que comenzó a practicar una pista tras de otra, cada vez más profesional, causando no solo mi asombro, sino el de todos las personas que subían con él en las telecillas y lo veían tan pequeño subir a una pista de alto nivel de complicación.!Todo un éxito¡, cuando cansado llegó a Carmela estaba henchido de emoción, no paraba de comentarme las técnicas que había aprendido y todas las anécdotas que vivió en las pistas a las que yo no tuve acceso.

 

 

 

 

 

         Al día siguiente se nos cortó la alegría al descubrir que Carmela se había inundado durante la noche, por lo que me pasé todo el día secando agua y reparando la dichosa tubería, gracias a que el sol lució todo el día por lo que se secaron todas las cosas rápidamente. Una vez solventado el problema y cargados de experiencias como siempre, partimos hacia Granada capital.

 

 

 

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