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P. de Asturias Fuentes del Narcea Bosques de Moal 2
Entretenido con los hallazgos, se me hizo corto el camino, ya a 1200 m el bosque da paso al brezo y la baja vegetación haciendo que la visión sea mas extensa y haya bastante luz con lo que se pueden apreciar mejor los detalles. Justo aquí me tropiezo con éste personaje.
Seguro que tendrá un nombre científico impronunciable, como no lo sé le voy a llamar Tarzán, no por ser atlético y nadar como un pez, sino por la proeza que hizo ante mi atónita mirada; Caminando por el despejado sendero noto que una ramita se retuerce y contonea en medio del camino, sin aparentemente estar sujeta a nada, como soy un curioso empedernido me acerco para verlo mejor, quedándome helado al descubrir que no era una rama sino un gusano que suspendido a treinta centímetros del suelo, trepaba por un hilo de seda, su intención, regresar a la rama de la que había caído haciendo puenting, que se encontraba a tres metros de altura.
Doy fe de que Tarzán tardó quince minutos en recorrer los tres metros de altura, haciendo los cálculos nos da, veinte centímetros por minuto , nadie me puede negar que es toda una proeza para un individuo que no mide mas de dos centímetros de estatura y que para colmo se ayuda de sus únicos miembros, dos muñones que sobresalen de su cuerpo cilíndrico, con los que no comprendo cómo, iba recogiendo el hilo a la vez que trepaba, cuando llegó arriba no se dio ni un respiro, siguió comiéndose la hoja que había dejado a medias, al final no se me ocurrió otra cosa que decirle, !Bravo Tarzán¡.
Alucinando con la fuerza y paciencia de Tarzán sigo mi camino hacia la cercana cima cuando me encuentro una huella que no me esperaba, parecía de un pequeño plantígrado, desde luego no se me ocurre pensar en un niño correteando descalzo en un paraje salvaje y solitario a 1400 m de altura, podría ser de un osezno, es de sobras sabido que son plantígrados como nosotros, pero me pareció demasiado pequeña para serlo, me tomé un tiempo para buscar una explicación lógica y cuando estaba a punto de abandonar, encontré la razón de semejante huella en aquel inhóspito paraje. Para desvelas el misterio hacer click aquí Sobre las cuatro de la tarde fué que llegué a la cima del Montecín, llevaba cuatro horas caminando y estuve tan entretenido que se me fueron volando, también la belleza del paisaje hace que camines con ganas e ilusión, en ese momento y después de todo lo que había visto pensé que haber llegado arriba no iba a ser mas interesante que todo lo que había vivido hasta ahora.
La belleza y espectacularidad del paisaje me dejaron ensimismado, estuve sentado en la cima no se cuanto tiempo disfrutando de las vistas y de la agradable brisa que me refrescaba hasta los pensamientos, allí sentado llegué a la conclusión de que aunque me lo propusiera no hubiera encontrado un mejor regalo de cumpleaños que este alucinante paseo, me había divertido tanto como en un niño en un parque temático.
Después de un buen rato comencé a bajar, no quería tentar a la suerte, eran las cinco y media y aún me quedaban cuatro kilómetros de bajada, como me conozco se que me pararé en todas las esquinas, no sea que me pille la noche aquí arriba, no quería darles ese gusto a mis amigos lobos. Pensando en todo lo que había vivido en la montaña me sentía regocijado cuando al llegar al collado de Munco en la vertiente norte del Montecín comencé a ver grandes cúmulos de excrementos, lo primero que me vino a la cabeza fue, por aquí pasan vacas, luego me dí cuenta de que aún estaba a 1300 m y éste paraje de la montaña es zona protegida, por lo que no se permite el ganado doméstico.
A medida que me acercaba iba pensando que sería una pasada encontrarme excrementos de osos, me habían contado que los osos tienen por costumbre pisar sus excrementos para expandir su olor y delimitar sus territorios, por lo que en lo primero que me fijé fué en la forma y ! EUREKA ¡, sí son de oso, me sentía emocionado estaba en la senda del oso " menudo regalo de cumple años ", comencé a recorrer todo el perímetro buscando mas rastros, se me había olvidado hasta la hora que era.
No deja de ser gracioso que me sienta emocionado por ver mierda, pero jamás pensé tener la suerte de encontrarme con rastros de un animal tan emblemático como el escurridizo oso pardo.
Definitivamente por la cantidad y la distribución de las deposiciones me encontraba en un paso asiduo del protegidísimo oso pardo Asturiano, hay que tener en cuenta lo que significa para un habitante de una pequeña isla del atlántico, estar tan cerca de un animal de este calibre, el único animal salvaje en libertad, que he tenido cerca en Canarias ha sido el perro de mi vecina.
Haciendo una observación mas minuciosa del entorno y siguiendo los rastros llegué a la conclusión de que ése hueco en la vegetación puede ser el paso que utiliza para bajar de su osera que posiblemente esté en la montaña rocosa de mas arriba, estuve tentado a subir por él, pero la hora y el miedo me disuadieron, una cosa es encontrármelo de lejos y otra muy distinta, ir a su cubil a buscarlo.
El único animal que tuve la oportunidad de fotografiar fué ésta linda mariposa que junto a unas colegas revoloteaba en una charca y al espectacular Tarzán, pero yo me sentía tan feliz como si me hubiese tomado un café con el oso.
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